Vakthan [DuskTown]

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Vakthan [DuskTown]

Mensajepor TownDusk » 12 Sep 2016 16:58

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Última edición por TownDusk el 18 Oct 2016 07:52, editado 1 vez en total.

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Mensajepor TownDusk » 17 Sep 2016 00:35

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Se reincorporaba de su reposo el joven muchacho, estaba ansioso y podía ver como un escaso número de aves comenzaban a gaznar sobre las costas. Las aguas comenzaban a subir en el atardecer y la marea traía algunos de los pescados a flote, y aun así, con la visión del sol tiñendo el horizonte de naranja y aquellas negras aves manchando el cielo con su vuelo ligero, aún con el olor a sal y las calles más tranquilas que de costumbre Vakthan se sentía angustiado. No era una sensación que llevase encima antes de relajarse o al menos él no lo creía así. Miraba a su alrededor extrañado por la afluencia de emociones que le inundaban y se llevaba la mano al rostro para darse cuenta que estaba empapado en sudor frío. No podía ser nada bueno se decía a si mismo mientras que intentaba recuperar un poco su normalidad.

Vakthan se apresuró a mojarse la cara con algo de agua que le quedaba en el barreño, y es que había aprovechado a costearse una habitación algo más íntima. Claramente la intimidad era algo que le faltaba en la Posada Número Uno, y eso que la población era tremendamente menor que en Tarsh, era una contradicción en sí mismo, y mientras que Vakthan divagaba en las corrientes de pensamiento individualistas frente a otras se topaba de frente con un señor que se encontraba en frente de su puerta al salir de la misma. Terminando de reajustar sus ropajes mientras que salía el hombre parecía no apartarle la mirada. No tenía claro quien era pero reconocía esos ojos, los había visto alguna vez. Se limitaba a saludar por cortesía al barbudo varón de cabellos cobrizos y ojos oliva, descendiendo hasta la primera planta de la posada, el hombre no se movió y mucho menos le devolvió el saludo.

El joven mercader se despreocupaba pues nunca dejaba nada suyo en la posada, para eso estaba su cinto el cual se aseguraba que siguiera en su sitio mientras se acercaba a la barra comprobando el peso de sus pequeños sacos de cuero, aún dándole vueltas a la mirada pétrea de aquel robusto hombre puesto que tenía razones para hacerlo.


-Bradskul, ¿No os habrá llegado aquí de Surlt aquella cecina curada que han estado vendiendo afuera la semana pasada verdad?—Preguntó Vakthan sin esperar mucho tiempo a que el hombre se percatara de su baja estatura tras la barra.
-Como si tuviera yo dinero para costearme algo así... tenemos vino, bacalao, pan, y también tenemos carne de res, muy recia, deberíais probar el estofado de esta noche... ya sabéis el precio, ¿no?— Decía Bradskul al ver que la posada comenzaba a llenarse para la bien entrada tarde.— Yo os recomiendo el pescado en salazón si os vais de viaje... solo tenéis que lavarlo y cocinarlo con un perol, barato y bueno, también...
-Dejadlo, vendré esta noche a por un estofado, gracias Bradskullr.— Decía repiqueteando los dedos sobre la barra con cierto ritmo a la par que se marchaba y dejaba a Bradskullr con sus quehaceres.

En su paseo por Puerto Soldado se cruzaba con dos extraños personajes, una mujer vestida de un fuerte rosa y un hombre vestido por unas extrañas telas oscuras adornadas por fetiches. Hablaban algo acerca de un intercambio, y aunque dicha palabra siempre atrae los sentidos del joven Vakthan continuaba caminando para no verse inmiscuido con esos asuntos, pues había oído extrañas historias acerca de las leyes de Maugre y su severidad, preferiendo no comprobar si alguno de esos dos estaba por cometer algo ilegal. Quien los conociese los reconocería como Evangeline y Emrkhol, pero eso el lo desconocía por completo.

Varias horas pasaron en vano para el joven muchacho en las calles y el hambre comenzaba a acrecentarse por momentos. Era hora de ir a comer ese estofado que Bradskullr le había recomendado, y así lo hizo, una vez llegó a sentarse en la barra Bradskullr le puso un gran plato de estofado, de pescado. Vakthan ya echaba de menos la carne pero no hacía asco alguno a un plato de comida, cuando lo tenía delante y el olor al estofado de pescado subía hasta sus fosas nasales lo devoraba famélico, y para su sorpresa estaba más bueno que aquel estofado insípido de alguna carne extraña de la última semana. Aprovechando al cambio que le debía Bradskullr por devolver, Vakthan miraba hacia la cocina por si veía a su mujer cocinando para darle la enhorabuena por el manjar que acababa de engullir, pero allí en pie estaba nuevamente el hombre con el que había coincidido anteriormente, esta vez en el camino hacia las habitaciones. Rehuyendo de su mirada con brío se marcho dejando el cambio como propina y volaba hacia el exterior topándose de frente con Emrkhol, con el cual comenzó a mantener una conversación lo suficientemente larga como para deshacerse de la idea de aquel extraño hombre del cual tenía la sensación que el seguía. Hasta que no miró cada ventana un centenar de veces y el cansancio reinaba sobre sus parpados no decidía dirigirse hacia sus habitaciones, y lo hacía dando varias vueltas al edificio para despistar al hombre en caso de que le estuvieran siguiendo. Esa noche durmió con la silla contra la puerta, por lo que pudiera ocurrir.
Última edición por TownDusk el 19 Oct 2016 09:46, editado 4 veces en total.

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Mensajepor TownDusk » 29 Sep 2016 01:07

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Vakthan había oído los rumores tras varias visitas a los cazadores en busca de cuero y piel barata que añadir a su inventario, un batidor de Prax había estado buscando un determinado grupo de personas capaces de acompañarlo en su futura exploración. A pesar de todo lo que había oído el joven mercader no había pensado en acompañar a susodicho grupo, sin embargo, tras hablar una temprana noche con Nuriel el joven muchacho pensó que sería buena idea acompañar al grupo de cazadores. Si bien no serviría de mucho podría relacionarse con ellos y con suerte, establecer algunas relaciones comerciales.

El grupo al final trataba de Whalaan, Markus, Nuriel, Malkar, Duff y Vakthan, el grupo exploró unas tierras yermas con el origen desde las afueras de Puerto Soldado hasta adentrarse en las Colinas Zutchko.

En su viaje, pudo percatarse de los valores y de las capacidades de algunos. Se interesó gratamente en algunas en particular por su destreza y perceptiva. Pudo agradecer el toque sanador de la magia espiritual que Nuriel conocía, era una muchacha misteriosa y lo que era más extraño aún para el, aquel oso la seguía. También estaba encantado de tener a cazadores entre sus líneas puesto que le recordaban a su padre, un cazador ya fallecido y al cual le debía algunos de sus conocimientos. En las colinas tuvo la suerte de que el fúnebre y siniestro Malkar tuviera más sed de sangre que de maldad, puesto que cargó hacia la amenaza acechante que se abalanzaba sobre el descuidado Vakthan, seguidamente acompañado por el resto del grupo. Por último pudo presenciar y compartir una escena poco agradable de vómitos al toparse con una erupción de cadáveres junto a Duff, apreciando la humanidad del mismo.


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Vakthan tenía claro que entre aquel grupo se sentía seguro si se andaba con cuidado y precavía en cada paso, aparentaban en su gran mayoría ser buenas personas y tuvo la fortuna de hablar con Gondo Holst durante varios minutos de su preciado tiempo, tenía que pasarse allí otra vez para ver su mercancía, puesto que en aquel momento la noche se acechaba y aquellas tierras demostraron no ser seguras... aunque todos estaban sanos y salvos.

La gran pregunta quedaba latente, ¿Cual sería el próximo destino de los batidores y quienes les seguirían? Vakthan tenía claro que la próxima vez no vendría con las manos vacías.


Gracias a Whaalan [Haldir] por organizar la escena.

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Mensajepor TownDusk » 17 Sep 2016 23:41

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Vakthan observaba al grupo, no sabía lo que Evangeline, Nuriel, Whaalan o Edyta estaban pensando en ese momento, sin embargo el no se cortaba para preguntar en una voz baja y tenue lo que probablemente todos tenían ya en mente. -¿No sería mejor si nos acercásemos sigilosamente para abatirla? O al menos buscar una mejor posición para hacerlo... — agregaba mientras se reincorporaba en su posición encaramado tras una de las rocas. A los pies de aquella montaña, la arquera aún se encontraba sin conciencia del grupo de aventureros que se encaminaban hacia su destino. — Parece un disparo imposible... ¿os veáis capaz?

En ese momento la atención se centró en Whaalan, y éste contestaba con un gesto de cabeza seguidamente mientras tensaba una flecha de hueso en su arco, un hueso más grueso y menos alargado que el de una flecha corriente. Apoyando la rodilla en el suelo, tensaba el arco y tras unos segundos de apuntar en el que ninguno de los cuatros respiraba, la flecha salía disparada golpeando a la vigía antes de que pudiera siquiera reaccionar. La muchacha se desplomaba y el grupo dudaba de si había conseguido o no esquivar la flecha por el silencio que reinó después, ni el cuerpo se escuchó caer.

-Ha debido caer en un arbusto... — comentaba Vakthan mientras reincorporaba su posición de manera más cómoda al no escuchar ruido alguno, acercándose al grupo. En ese momento, Evangeline murmuraba desde atrás unas palabras inteligibles para el mercader, golpeando el suelo con el báculo moviendo una mano de manera casi imposible. Sus palabras traían a la tierra que albergaban hechicería, puesto que una neblina espesa comenzaba a condensarse y alzarse por encima de las cabezas de los cuatro, primero llegando el frío y luego llegando el desasosiego propio de la niebla.

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Sin la vigía para avisar a los infames, el grupo se adentraba con sigilo por el paso de las montañas, divisando a dos grupos de personas, el primero formado por cuatro personas, una con una túnica extraña y otros tres con arcos en las espaldas. El segundo grupo era uno formado por un guerrero de hombros anchos y dos matones detrás, parecían estar negociando el precio de un carro por las palabras que resonaban entre las montañas. Vakthan se replanteaba su carácter descuidado en ese instante mientras avanzando en silencio, algunos más que otros.

El grupo dialogaba al respecto de cual era el mejor modo de proceder, era evidente que eran muchos hombres para cinco personas, de entre los cuales al menos uno era incapaz de dar con una piedra a un hombre entrenado. Tras examinar las opciones posibles, Evangeline hacía gala de un conjuro siniestro que hacía que a ninguno le inspirase confianza, eran runas hiladas por palabras, que a pesar de no entender resultaban crueles al oído. El grupo comenzaba a gritar bruscamente, algunos caían al suelo, otros salían corriendo y a medida que se acercaban no se paraban a luchar, pasaban huyendo de algo terrible que Vakthan desconocía por completo.

Uno de los arqueros que no pretendía luchar con el grupo se detenía al toparse con Edyta mirándola como si la conociese de algo, y dicha visión solamente lo hacía correr aún más. Evangeline exclamaba dándole la iniciativa de avanzar al grupo, algunos atacaban a los bandidos aún presentes, Vakthan se limitaba a dejar la fuerza para la enorme Edyta y para Whaalan, que a pesar de su destreza con el arco evitaba golpear puntos mortales a esos hombres. Evangeline hacía uno de los bandidos arder en llamas y Vakthan en ese momento pensaba en cómo había acabado metido en todo este asunto mientras que las llamas de la agonizante carne de aquel bandido iluminaban su rostro.
En un segundo eterno Vakthan veía interrumpido su pensamiento al ver como Edyta intentaba forcejear con uno de los bandidos para atarlo con una cuerda y poder apresarlo, el muchacho se apresuraba con brío a hacer dicho deseo realidad y colaborar en lo que podía. Edyta se alzaba con el hombre en un hombro hasta el carro, donde apartaba algunas mercancías y echaba al hombre en el. Continuaron el camino con brío y apresurándose a llevar el hombre a Puerto Soldado para traer justicia a los robos cometidos.


Gracias a Edyta [Lathek] por organizar la escena.
Última edición por TownDusk el 19 Oct 2016 09:46, editado 2 veces en total.


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