Vordask [Nermmerle97]

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Vordask [Nermmerle97]

Mensajepor Sestum » 14 Abr 2017 12:59

Nombre conocido: Vordask.

Raza: Humano

Sexo: Varón

Edad aparente: 32 años humanos.

Procedencia: Ramalia.

Deidad: Gark.
Cultos aliados de quienes conoce conjuros: Wakboth, Kajabor, Malia, Thed, Ikadz, Ompalam, Seseine y Vivamort.
*Es posible que Vordask aún no conozca plegarias de estos dioses.

Dedicación aparente: Vordask es sin duda un hombre llamativo y extraño. Su pelo azabache tinta ya canas que contrastan con mayor notoriedad en su barba hirsuta. Habla con un tono de voz que invita a una incómoda tranquilidad y, normalmente, siempre se refiere a la paz. Para Vordask parece que la paz es el fin último de todas las cosas y los humanos deberían abrazarla con premura. No obstante, lo que no sabe la gente, es que la paz de la que habla Vordask se encuentra en la obediencia... la obediencia vacía e irremediable a Gark a través de la zombificación. Vordask es, para aquellos que conocen el culto de Gark, las desastradas tierras de Ramalia y las concretas sectas que surgieron tras el hundimiento de Slontos, un avatar del Rey Exánime, la representación de un Señor de los Zombis y la Ceniza que guía a su pueblo a un nuevo y más agradable amanecer. En cualquier caso, Vordask adora secundariamente todas las facetas de Gark y no ignora sus cultos aliados.

Normalmente porta su armadura, una especie de túnica ritual echa con huesos planos de origen imposible de discernir. En sus hombros, picudas y afiladas hombreras de hueso tallado encuentran armonía con la corona que lleva sobre su cabeza. Su única arma parece ser un mazo gigante, un gran mango de madera trabajada en cuya cúspide aparecen anilladas en vertical una serie de tablillas rectangulares con runas talladas en bajorrelieve, donde la sangre seca de los enemigos parece acumularse.
"The dominant Empire of the Imperial Age is focused on real routes to power, not the dances and ceremonies of misguided pagans".

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Re: Vordask [Nermmerle97]

Mensajepor Sestum » 15 Abr 2017 18:45

[cuenta]Nermmerle97[cuenta][personaje]Vordask[personaje]


Dichosos bárbaros… no se puede confiar en ellos. La estupidez gobierna sus débiles mentes. Lo peor es que había fallado a Gark… el me había mostrado el camino a través de sus siervos y ahora el camino estaba cerrado por culpa de esa panda de idiotas. Tenía que reencontrarme con los broos, tenía que agradar a Thed y a la manada para cumplir la voluntad de mi Señor. Si el Rey Exánime quería que llegara hasta ellos, es porque quiere un acercamiento con Thed.

Pero ¿qué sacrificar a los broos? ¿Qué podría agradarles? ¿Un macho cabrío? ¿Una virgen? ¿Qué clase de horror les complacería? El Señor de la Paz es una entidad magnánima y mesurada. Los excesos de nuestros aliados caóticos, en ocasiones, escapan a mi comprensión. ¿Tendría que envenenar un pozo? ¿Extender una enfermedad? ¿Traer a aquella bella joven que me traicionó?

Me tumbé en aquella cama del Oso Rojo pensando que podría hacer. Había estado tan cerca… pero las compañías inadecuadas se habían llevado por delante mi oportunidad. Además, ahora ese bárbaro bobalicón estaba a su merced ¿Se habrá unido a ellos? ¿Le perdonarían al ver que intentó matarme? Eran muchas dudas… demasiadas. La paz comenzaba a alejarse de mí y estar en paz es estar con Gark.

Todavía conservaba lo que me dio aquella vieja, Melissa, lo que supongo que sería el Tanak del que hablaba el broo… Quizás pudiera convencer a la vieja de entregar a la prostituta como sacrificio a los broos… Parecía de cadera ancha y constitución fuerte, sin duda podría servirles para ampliar la manada ¿Pero cómo llevarla sin que nadie sospechara? Podría intimidarla… O incluso tenderle una trampa… Los caminos del Señor Eterno son inescrutables.
Observé la figurita que me entregó la mujer… Sin duda era de una gran manufactura y los broos la habrían apreciado. Pero ahora debía acudir con algo más. Ese zoraní lo había molido a martillazos y estos seres tienen memoria… son rencorosos.


Observando el techo de la habitación comencé a sentir como las horas de vigilia descargaban su peso sobre mí. Mis ojos se cerraron mientras mi mano se relajaba entorno a la empuñadura de una daga escondida bajo la almohada… Traspasando los telares de la realidad, acercándome en este mundo etéreo a los dioses más poderosos, encontré un hombre encorvado, deforme, dándome la espalda en medio de una niebla argéntea.
Me detuve observando su forma, sus ropajes desgarrados, sus heridas y marcado esqueleto. Sentí su poder, sus aromas, su fuerza interior… Caí de rodillas por desesperación. Había fallado. Tendría que haber matado a ese zoraní que luego golpeó al bárbaro. Tendría que haberlos convertido en mis siervos, para la mayor gloria de Gark.

En mis sueños alcé los brazos y la figura pareció erguirse un poco, desde el suelo, sobre mis rodillas, agaché la cabeza y todo el cuerpo hasta rozar el imposible suelo con mis labios. Cuando volví a alzar la vista, dejando de sentir la opresión del reproche sobre mí, observé que la figura se había ido y, lo único que podía percibir era el bello canto de una mujer. Parecía obra de Seseine… entonces lo entendí todo. Debía ir a esa mujer, conseguir una de sus orejas, su lengua… Tenía que arrebatarle su belleza, aquello que la hacía vivir. Infringirle el mayor de los sufrimientos… pero ¿cómo?

Quizás el zoraní podría ayudarme… Parecía fuerte, más que yo, pero no tanto como mis vasallos. No obstante, si queríamos sacarla de la ciudad, no podríamos hacerlo con ellos… tenía que ser el zoraní… Si conseguía que nos acompañase a ambos a la cueva de los broos… entonces podría incluso ofrecerle a él como sacrificio. Pero no… Podría volver a echarlo todo a perder, los broos le recordarían. No, debía ir solo, solo así satisfaciría los designios de Su Majestad.


Los telares de la noche se deslizaron lentamente haciéndome olvidar aquel mundo quimérico e imposible en el que moran los demonios y el pavor. Deslicé las toscas sabanas por mi cuerpo y me decidí a vestirme cerciorándome, al mirar por la ventana, de que todavía no había amanecido. La quietud de la taberna contrastaba con sus horas de máxima afluencia, los parroquianos, bien dormidos por cansancio o alcohol, hacía ya tiempo que se habían marchado y ni siquiera Regus se encontraba tras la barra. El Oso Rojo había enmudecido, los altivos barbaros sedientos del néctar de una mujer ya no gritaban ni golpeaban sus jarras las unas contra las otras, las bellas, o no tan bellas, mujeres que encontraban su labor entre los muslos de otros hombres tampoco parecían despiertas…

Los crujidos de la escalera de madera parecían anunciar la llegada de un ingente grupo de virilidad y bravuconería… En apenas lo que se tarda en pestañear, la sala principal de la taberna del Oso Rojo se lleno con la presencia de cinco hombres de aspecto orlanthi que mostraban orgullosos tanto sus musculados brazos tatuados, como sus pectorales cubiertos de una alfombrilla de pelo castaño o azabache. Sus barbas, pobladas, rectangulares y lisas acrecentaban una mandíbula marcada, ancha y de líneas rectas… Sin duda eran motivo mas que suficiente para que cualquier mujer rompiera sus votos.
Los orlanthis dedicaron una mirada de desagrado hacia mí mientras me deslizaba tranquilamente junto a la barra para ordenar una jarra de hidromiel. Si mi intuición no fallaba, la mujer habría dormido con ellos toda la noche, siendo turnada, compartida y desvencijada como un mueble viejo y despreciado… Si Gark me sonreía una vez más, la mujer seguiría dormida en la habitación en la que habían pasado la noche estos orlanthis, por lo que solo quedaba guardar la tranquilidad, esperar y obrar en nombre del Rey.


Poco rato hubo de pasar para que cruzaran la puerta del Oso Rojo dejando un airado portazo como recuerdo. Cinco cuarzos tallados fueron suficientes para conseguir la información… Unos pasos, un cuchillo oxidado por la sangre de sus víctimas, unos pasos lentos y sigilosos… Tan solo una garra ponzoñosa y un golpe seco. La mujer cayó al suelo inconsciente mientras el poco brillo del cuchillo restallaba, entre la sangre seca, a la luz de la única vela que quedaba encendida. Observé su cuerpo una última vez…era bello, proporcionado. Su piel nívea y tersa cubría su cuerpo con la finura propia del mármol joven. Su rostro, redondeado y aniñado, dejaba gran lugar a dos ojos de un color ámbar exótico y brillante. Su cabello, ahora apelmazado por la sangre, cubría sus hombros, su espalda y llegaba hasta su cintura como un manto de hilos de colores ocres. Pero el rigor de la muerte es inexorable y todo se lo lleva por delante…

Un día más tarde me encontraba frente a la cueva de los broos. Gark, el Tranquilo, volvía a sonreírme y sus heraldos me guiaron a través del bosque hasta los hijos de Thed otra vez. Esta vez tenía las ofrendas adecuadas, no solo la estatuilla de Melissa, sino además un objeto de incalculable sufrimiento… Una ofrenda digna de Thed.
"The dominant Empire of the Imperial Age is focused on real routes to power, not the dances and ceremonies of misguided pagans".


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